En estos tiempos de película de ciencia ficción que nos está tocando vivir, hay un fenómeno en aumento. Diría que, a estas alturas, se podría hablar ya de una corriente social. Sucede que cada vez más ciudadanos, a nivel individual, están asumiendo su responsabilidad para colaborar al cambio social que necesariamente tiene que producirse si no queremos seguir avanzando hacia el desastre.
En diferentes ámbitos, las personas, de una en una, están empezando a llevar a cabo acciones atrevidas, osadas… acciones que, en ocasiones, van a suponer a la persona su salida de la comodidad del anonimato en medio de una masa aparentemente homogénea de ciudadanos, en la que pudiera parecer que todo el mundo está de acuerdo con el statu quo…
Pero, poco a poco, está creciendo el número de personas capaces de vencer, primero, sus propias barreras mentales: aquellas de la autocensura, la vergüenza y la pasividad propias, y segundo, las ajenas, las que pone la sociedad para favorecer los comportamientos inerciales, y que las cosas sigan como están, aunque estén muy mal… (más vale malo conocido que bueno por conocer).
Estos ciudadanos se comportan como el niño del conocido cuento infantil de Christian Andersen titulado “El traje nuevo del emperador”, aquel que dice en voz alta lo que todos los demás ven y callan: ¡¡el emperador está desnudo!”
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