dimarts, 1 de juny de 2010

EL HORROR MARAVILLOSO. TERROR FANTÁSTICO EN LOS TEBEOS DE CUENTOS DE HADAS ESPAÑOLES

En su aproximación a la ideología de los cuentos de hadas, Cerdá se detiene en la figura de las brujas, las cuales sitúa en origen como competidoras de ciertos sectores económicos (los sanitarios, los eclesiásticos) durante el Alto Medioevo, aspecto éste en el que coincide con Marc Soriano, sobre todo por lo que se refiere a la intensa persecución de los inquisidores cristianos durante los siglos XVI y XVII[35]. Realmente la tradición de los brujos es mucho más antigua, pues aparece escrita desde el principio de los tiempos (ya en el Código de Hammurabi), cuando los brujos eran tanto hombres como mujeres. En documentos históricos hay innumerables citas a estas criaturas, entre cuyas cualidades destacan, aparte de la maldad o el pacto con el mal, el vuelo y la transformación, aspecto este último muy importante para la construcción de relatos fantásticos con posterioridad[36]. El caudal de maldades fue casi exclusivamente asociado a la mujer a partir del advenimiento del Cristianismo, que practicó una misoginia brutal para enfocar la maldad en lo femenino, sobre todo a partir de la bula papal Summis desiderantibus affectibus promulgada por Inocencio VIII en 1484, que reconocía la brujería hasta en la mera fealdad[37]. A partir de ahí, las brujas penetran en la literatura con fuerza inusitada y se establecen como seres femeninos horrendos en la cultura popular, persistiendo hasta nuestros días en los cuentos de hadas como ancianas malévolas.

La imagen de la bruja se ha transformado desde la repelente y deforme mujer característica en los cuentos clásicos a la hosca mujer anciana de los cuentos de hadas de los años cincuenta. Por ejemplo, en la colección El cuento del mes (Mateu, 1959), en el cuaderno La ranita de los ojos verdes dibujado por Julia, se da un castigo ejemplarizante a una bruja una vez que varios testigos (un perro, unos setos) reafirman que es una persona cruel y perversa. Estamos ya en una época en la que la censura obliga a repeler la brutalidad, pero la bruja no se libra: es quemada viva ante los ojos del lector.

Este detallado seguimiento de la figura de la bruja nos interesa por su oposición a la figura del hada. La mujer malvada, ambiciosa, codiciosa, envidiosa o bruja es representada invariablemente como vieja y fea, y si es joven es morena. La mujer bondadosa, generosa, virtuosa y gentil es representada casi siempre como joven y hermosa, con suaves blondas en su pelo que generalmente es rubio. Ambas figuras antitéticas representan la identificación de lo malo / feo con lo horrible y lo bueno / hermoso con lo aceptable. La dicotomía puede plantearse desde las posturas de la fe y de la superstición, puesto que ambas emanan de procesos mentales. Es decir, se observa un interés por separar los personajes que simbolizan la fe cristiana: los ministros de Dios, las vírgenes resplandecientes, los santos con halo, siempre plasmados en contextos de armonía y salvación, frente a los que simbolizan lo supersticioso: seres grotescos, brujas, ogros, junto a los que se dispone al mismo diablo, el ángel caído, desvestido de su aura terrorífica hasta verse convertido en caricatura.

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