dijous, 10 de març de 2011

China Keitetsi - Niña-soldada

China Keitetsi: «Ayudar a los niños soldado es responsabilidad de todos»
A los 8 años dejó de ser una niña y se convirtió en un soldado. Perdió su familia, su infancia y su nombre y pasó a formar parte del Ejército Nacional de Resistencia de Uganda, liderado por Yowere Museveni, el actual presidente del país. A los 19 años, consiguió salir del infierno de su vida como combatiente y, con ayuda de las Naciones Unidas, se instaló en Dinamarca. Desde entonces ha trabajado como incansable activista en la movilización de recursos y conciencias en contra del reclutamiento de niños y niñas como soldados. En la actualidad colabora con varias organizaciones y lidera una fundación para la rehabilitación de ex niños soldado. Es autora de dos libros que relatan sus experiencias en el frente y su recuperación
Foto de China Keitetsi

En un mundo donde millones de niños "juegan a la guerra" con pistolas de juguete o a través de videojuegos, otros muchos niños y niñas se ven abocados a vivir la guerra de verdad, convirtiéndose en combatientes desde edades muy tempranas. Para ellos la guerra no es divertida ni les hace sentirse más fuertes. China Keitetsi nos cuenta desde su experiencia como ex niña soldado la realidad de unos niños y niñas privados de su derechos más básicos que demasiadas veces son vistos como culpables. Su mensaje se centra especialmente en las niñas, a las que a menudo se olvida al hablar de este problema, pero que en realidad son las que sufren situaciones más duras.
Al hablar sobre niños soldado mucha gente quizás piense que es un problema que afecta sólo a chicos. ¿Qué significa para una chica ser niña soldado?
Es mucho más difícil para una niña. Para empezar, pierdes tu identidad como mujer: tienes que llevar un uniforme militar, botas, debes llevar pelo corto... no se te permite usar pintalabios ni nada que recuerde que eres una chica. No se te permite ser una mujer: cambia tu forma de hablar, tu forma de moverte, incluso tu forma de estar simplemente de pie... todo. Además eres menospreciada y humillada: imagina tener 16 años y no poder recordar cuántos hombres han tocado tu cuerpo y han abusado de tí. Muchas niñas de apenas 13 años se convierten en madres sin tener el cariño de una familia ni nadie que les cuide, sin padre ni madre, sin nadie que les diga "estoy aquí para apoyarte, yo te protejo". En el frente las chicas se ven obligadas a cometer atrocidades sólo para demostrar que no son unas cobardes, y eso nunca se olvida. Te sientes sucia y sin valor, pierdes completamente tu autoestima y crees que no mereces que nadie te quiera. Para los chicos también es terrible, pero no puedo hablar por ellos, porque yo lo viví como mujer.
¿Dirías que, tras abandonar los grupos armados, es más difícil la reintegración social de las chicas que de los chicos?
Foto de China Keitetsi

Sí, volver a la comunidad es más difícil para ellas. Todos los niños soldados son tímidos cuando se enfrentan a la vida normal. Para empezar no conocen a nadie, ni nadie les conoce. Tienen muchas dificultades para hacer amigos porque la gente siente temor de ellos y además, no saben cómo relacionarse ni cómo hablar de cosas cotidianas, porque sólo saben de armas. Las chicas además se encuentran con que, en la mayoría de los casos, son madres a una edad a la que deberían ser hijas. Tienes que aprender a relacionarte, tienes que conseguir que te acepten y además tienes que cuidar de tus niños, sin saber cómo, porque nunca nadie ha cuidado de tí. Tienes que dar cariño y nunca lo has recibido, y además crees que no mereces recibirlo. Tenes que aprender a ser mujer y a ser madre y eso es muy difícil para una chica que está completamente sola en el mundo.
Muchos niños y adolescentes son aficionados a juegos que recrean violencia o escenas de guerra. ¿Cómo explicarías a los niños y jóvenes que se ven atraídos por la violencia que la guerra no es un juego?
Es difícil conseguir que un niño o niña europeo se haga a la idea de cómo es la realidad de situaciones que ocurren en lugares lejanos en los que nunca han estado. Quizás les pediría que se imaginaran no tener infancia, no tener familia... imáginar qué tipo de motivos pueden impulsar a miles de chicos y chicas a arriesgar sus vidas cruzando desiertos y mares para llegar a países como España, Italia o Malta. Muchos huyen de países en guerra, y quizás han sido soldados y han desertado.
"Ningún niño o niña querría llevar ese tipo de vida si supiera cómo es en realidad y si pudiera realmente elegir"

Cuando un niño entra en un grupo armado quizás al principio pueda exclamar "¡guau!", sentirse poderoso y decir "vaya, puedo tener esta pistola", pero esa sensación dura un momento. En la vida real (y esto es la vida real, no un juego), nunca podrán pensar por sí mismos, otros controlaran sus mentes, les violarán, les pegarán, les humillarán y les obligarán a arrastrarse por el barro, a caminar entre la maleza sin descanso, sin sentarse y sosteniendo un arma pesada y oyendo como alguien les ordena "adelante, adelante, adelante..." Ningún niño o niña querría llevar ese tipo de vida si supiera cómo es en realidad y si pudiera realmente elegir.
¿Crees que los gobiernos están haciendo suficiente?
No. Sería necesario que se comprometieran más en la rehabilitación y reintegración de los ex niño soldado, que destinaran fondos para que puedan reconstruir sus vidas. No puedes sacarlos del ejercito y dejarlos a su suerte: tienen que aprender a vivir. Creo que es el momento de que todos nos unamos: tanto los gobiernos como la gente de a pie... Los mayores de 18 años debemos tomárnoslo como una responsabilidad hacia los menores de edad. Hay millones de niños y niñas que ya han muerto, millones que tienen que vivir si amor, sin protección... ¡en la guerra!. Tenemos que crear planes de rehabilitación acordes con sus necesidades: algunos quizás puedan necesitar un año para recuperarse del trauma, pero a otros les puede llevar 10 o 12 años. Y la situación que encuentran al volver a los pueblos y ciudades no les ayuda a encontrarse mejor: la gente les señala con el dedo, les rechaza y les hace sentirse culpables por lo que han vivido. Todos debemos entender que no es su culpa, sino la de los adultos que consentimos que esto ocurra. Ellos son víctimas y necesitan regresar a un entorno donde se les permita empezar de cero y se les enseñe a vivir, para que puedan empezar a vivir de verdad.

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