dissabte, 1 de gener de 2011

Emma Watson despliega su magia Su evolución de niña prodigio a persona adulta ha sido natural, sin estridencias ni escándalos

No se sabe cuál es el personaje de carne y hueso y cuál el de ficción, o si se trata de una simbiosis perfecta. A los nueve años Emma Watson se convirtió en Hermione Granger para bien y para mal, y a los veinte años cumplidos (el 15 de abril) sigue siendo todavía la protagonista femenina de la serie de Harry Potter.

Emma y Hermione fueron de la mano de niñas, vivieron juntas la adolescencia y se han hecho mujeres unidas por un cordón umbilical inseparable. Ambas son inteligentes, estudiosas, sensatas, modositas, llenas de sentido común. La fama no se les sube a la cabeza, como han demostrado una vez más con ocasión del preestreno, anteanoche en Londres, de la primera parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte, séptima entrega de una serie que ha convertida a Watson en una de las actrices mejores pagadas del mundo. En España se estrenará el próximo viernes.



La evolución de niña prodigio a persona adulta suele ser muy difícil e ir acompañada de una rebelión pública envuelta en un celofán de sexo, alcohol y drogas, como han demostrado ampliamente Drew Barrymore, Maccaulay Culkin, Lindsay Lohan, Brooke Shields o Jack Wild. Pero en el caso de Emma Watson ha sido una transición natural, sin estridencias ni escándalos, mucho más en la línea de Jodie Foster o Natalie Portman.

"Mis padres se divorciaron cuando tenía cinco años, y Harry Potter ha puesto estabilidad y orden en mi vida. Ha sido mi casa, mi familia, mi colegio, mis amigos...", dice la actriz con el nuevo corte de pelo a lo garçon, con el que llevaba tiempo soñando pero era incompatible con la imagen de Hermione, y en cierto modo es su manera de celebrar el comienzo de una nueva vida diferente. La segunda parte de La reliquia de los muertos se estrenará en julio, pero el rodaje ha terminado y para entonces Emmaestará muy lejos.

La cuestión es cómo será esa vida, cómo se va a reciclar, qué tipo de películas le van a interesar –dice que prefiere las "independientes que hacen pensar a las superproducciones comerciales"–, hasta qué punto ha quedado encasillada como Hermione, si encajará en papeles picantones de comedia romántica (los más fáciles de conseguir en Hollywood para una chica guapa), si querrá vivir en Estados Unidos o preferirá Europa (su madre es francesa), si preferirá dedicarse a la moda (es ya la cara de Burberrys)... Preguntas y más preguntas, matizadas por el colchón financiero que significan los doce millones de euros que ha ganado gracias a Harry Potter. Por el momento va a completar sus estudios en la universidad norteamericana de Brown, y después, Dios dirá. Al contrario que Daniel Radcliffe, que apareció desnudo hace tres años en una producción de Equus en el West End, no siente presión alguna para presentar sus credenciales. Prefiere ser Ofelia o Julieta en un Shakespeare.

Tanto su padre como su madre son abogados, y no le informaron de lo rica que era hasta que cumplió los dieciocho. Pero no le ha dado por los coches descapotables (conduce un pequeño Toyota), ni por la ropa (su amigo Karl Lagerfeld le presta todos los vestidos de Chanel que quiera), ni por el lujo (alquila un apartamento en Hampstead), ni por ningún tipo de desenfreno. No tiene la fascinación por el alcohol de los chicos de su edad, quizás porque tomó su primer vaso de vino a los siete años, mezclado con agua. Es sencilla, madura, honrada, adaptable, perfeccionista, tranquila y segura de sí misma, el álter ego perfecto de Hermione Granger. O viceversa.

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