divendres, 27 de gener de 2012

Dejemos de disimular

La Humanidad no puede permitirse que las mujeres desaprovechen su talento y poder. Cada día observo cómo las mujeres hacemos como que no sabemos. Seguimos siendo niñas pequeñas asustadas o adolescentes enfadadas. Incluso nos parece que no tenemos la edad mental que nuestro carnet de identidad expresa. Seguimos siendo inseguras, rebeldes, sumisas... El poder de la mujer es inmenso: da vida, nutre, protege, sostiene, abraza, acaricia, crea, percibe, intuye, acepta, sana, ilumina... Ama.
El poder del Amor es igualmente inmenso: no conoce límites ni fronteras. La mujer tiene que sanar su niña y adolescente: llorar sus dolores e identificar su voz. Después brillará con todo su potencial desplegado ante el mundo.

La Humanidad necesita la voz, las manos y el útero de las mujeres que han transitado el túnel oscuro del dolor y han resurgido, poderosas y vivas. Las mujeres, juntas, sin importar la edad ni su historia. Una cadena en la que, las bebés, las tías y madres, las niñas de once años,   abuelas, hermanas, adolescentes, jóvenes y viejas, podamos cogernos fuertes de las manos y caminar unidas.
La Humanidad necesita de las mujeres y las mujeres necesitamos alzarnos y denunciar, con la voz firme, el sucio juego del patriarcado. La Humanidad necesita una R-evolución. Y nosotras sabemos cómo hacerla.  Así que... dejemos de disimular.
 

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