dimarts, 13 d’abril de 2010

El velo llega al telón

Artistas de origen árabe llevan a los escenarios franceses el debate sobre el burka  |  Fattoumi transmite a través de la danza cómo el velo integral aísla a la mujer  |  Khattari sostiene que el velo no es más opresivo que la moda occidental


El velo islámico ¿puede ser también objeto artístico? Puede. Vilipendiado como símbolo odioso de la opresión de la mujer y reivindicado como signo de una identidad religioso-cultural que se siente amenazada por los valores de Occidente, este controvertido ropaje destinado a ocultar el cuerpo y el rostro de la mujer ha ascendido durante unos días a varios escenarios franceses, proponiendo una manera distinta –no necesariamente benevolente– de mirarlo y de sentirlo.  

Cuatro espectáculos –tres de ellos en París, el cuarto en Cherburgo– han contribuido esta semana a iluminar de forma diferente, con la luz del arte, el crispado debate político y social sobre la eventual prohibición del velo integral (el burka y el niqab) en Francia.

El Parlamento discutirá el mes que viene un proyecto de resolución y una proposición de ley para intentar erradicar esta prenda de las calles –lo que el Consejo de Estado considera inconstitucional– o, en su defecto, de los servicios públicos. Una iniciativa que está lejos de despertar la unanimidad de las fuerzas políticas y que ha generado no pocas suspicacias y tensiones entre la comunidad musulmana.

Es en este eléctrico contexto que Héla Fattoumi, Majida Khattari, Ghazel y Layla Rosa se han atrevido a presentar sus espectáculos –Manta, VIP, ME 2000-2003/ME 2003-2008 y What if...– con el velo como eje. Los tres primeros, en el parisino Théâtre de la Cité Internationale. El cuarto, en el festival de circo Spring, organizado por La Brèche en Cherburgo. Cuatro nombres de mujer. Cuatro trayectorias artísticas. Y una preocupación común: la condición de la mujer musulmana y su conflictiva relación con el cuerpo.

"Desde hace varios años, de forma cada vez más escandalosa y violenta, en mi propia familia, hay chicas jóvenes que se ponen esta prenda, cuando mi madre nunca tuvo que llevarla; lo encuentro extraordinariamente turbador", explica Héla Fattoumi, autora –junto con Éric Lamoureux– de la coreografía del espectáculo de danza Manta. Nacida en 1965 en Túnez y afincada en Francia, donde desde el 2004 codirige con Lamoureux el Centro de Coreografía de Caen-Baja Normandía, Fattoumi se define como una mujer "emancipada" de la tradición árabo-musulmana en la que fue educada y desde esta libertad el velo le provoca –dice ella– "incomprensión e indignación".

En Manta, vestida con un niqab blanco que adquirió personalmente en una tienda no sin cierta aprensión, Fattoumi intenta transmitir a través de la danza cómo el velo integral no sólo oculta la identidad de la mujer, sino que la somete a un ritmo de existencia diferente del del resto de la sociedad, de la que queda aislada. Al final, como en un grito de liberación, se retira el velo y juega a saltar la comba.

No es esta, en cambio, la aproximación que hace al tema Majida Khattari en su desfile performance VIP, siglas que en este caso quieren decir velo islámico parisiense. Nacida en 1966 en Erfoud (Marruecos), Khattari sostiene que el "encierro" al que el velo integral somete a las mujeres no es más opresivo que los cánones estéticos que impone la moda occidental. "Yo no estoy ni a favor ni en contra del velo integral, sólo busco un diálogo, resituar las cosas", argumenta. Para expresar esta dualidad, la artista monta desde hace años, en un tono provocador, seudodesfiles de moda con velos libremente adaptados, ya sea una reinterpretación de los típicos logos de Louis Vuitton con símbolos tradicionales del islam, ya sea añadiendo comocomplemento un bolso en forma de granada, ya sea estampando en un burka el rostro oculto de la mujer que lo lleva.

Para completar esta "programación en tres tiempos", el Théâtre de la Cité montó una instalación de la artista iraní Ghazel (Teherán, 1966), afincada también en París. La obra de Ghazel, ME 2000-2003 yME2003-2008, consiste en vídeos caseros rodados, protagonizados y montados por ella misma –de ahí el título "me", "yo"– en los que aparece vestida con un chador negro realizando variopintas actividades, la mayoría de la vida cotidiana, con la voluntad de poner en evidencia los estereotipos.A lo largo de 700 secuencias de escasos segundos de duración, Ghazel desciende en tobogán, corta el césped, practica esquí náutico o toma un baño, en "una improbable síntesis de Chaplin y Beckett", según palabras del profesor Michel Poivert.

Lejos de París, pero en los mismos días, la acróbata británica Layla Rosa ofrecía un espectáculo circense –What if...– en el que, vestida con el velo, reflexiona visualmente sobre la cuestión de la identidad y la mirada que suscita en los demás. Hija de un árabe saudí al que no conoció, la artista se pregunta cómo podría haber sido su vida de haberlo conocido: "¿Habría sido trapecista? ¿Debería llevar el velo o hubiera podido escoger?". Probablemente, esta pregunta, en el país de su padre, carecería de sentido.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada