dilluns, 1 de novembre de 2010

SALUD DE LA MUJER Patologías que cambian al hablar en femenino Las hormonas podrían ser las responsables de que las mujeres vivan más años, pero con peor calidad de vida



Que las mujeres tengan más migrañas, que sufran más depresión o que en ellas sea más frecuente la artrosis de rodilla y en ellos la de cadera no es casualidad. El hecho de que se reconozcan diferencias de género en la mayoría de las patologías ha supuesto el mayor avance de la última década en salud femenina. Históricamente, se incluían muchas menos mujeres en los ensayos clínicos con fármacos, por esta razón, desde hace cinco años, por directrices de la UE, todos los productos que salen al mercado tienen que estar evaluados en ambos sexos. Y es que, según explica el doctor Santiago Palacios, director del Instituto Palacios, Salud y Medicina de la Mujer, que organiza el 10º Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer del 3 al 5 de marzo, los tres pilares sobre los que se asienta la diferenciación de género son los genes, las hormonas y los factores ambientales. La mujer vive más, pero con peor calidad, y en esto tienen mucho que ver, afirma el doctor, las hormonas. "Están en todo organismo, no sólo en el aparato reproductor. Hay receptores de estrógenos en el cerebro, en los vasos sanguíneos, en los huesos, en la piel", matiza.

Con todo esto, la prevención de las enfermedades es una realidad que dejará paso a la "predicción". Esto es, que a través de los genes, se tomen medidas para evitar desarrollar una enfermedad a la que hay predisposición genética. Por ejemplo, especifica el doctor Palacios, en el caso de la osteoporosis —donde los genes influyen en el 60 por ciento de los casos— se le pueda decir a una mujer que será osteoporótica en la menopausia y que cuando llegue a los 70 años puede tener una fractura, por lo debe tomar medidas.

"Hay tres pilares básicos para saber cuánto y cómo se va a vivir: la herencia, la información y el estilo de vida. El paciente tiene que ser responsable de su salud", recuerda el especialista.



Cada edad, un foco

En la mujer joven el principal problema son las enfermedades de transmisión sexual, con la infección de virus de papiloma humano a la cabeza. En segundo lugar, la anticoncepción a la medida. Mientras, rondando la menopausia lo fundamental es la calidad de vida, ya que aparecen síntomas como sofocos, insomnio, inseguridad, sequedad vaginal o pérdida de deseo.

A partir de esa edad, los problemas más frecuentes están asociados a la patología cardiovascular con el colesterol, hipertensión, obesidad y diabetes en primer lugar; la osteoporosis, con la pérdida de masa ósea; la mama, con el riesgo de desarrollar cáncer; y las alteraciones del sistema nervioso central, destacando la depresión y el comienzo de pérdida de la memoria.



Hinchazón como señal de alarma

Genética, cirugía menos invasiva y preservación de la fertilidad. Éstos son los puntos diana a los que se dirigen gran parte de las investigaciones en lo que a cáncer ginecológico se refiere. Así, los especialistas reunidos en el II Congreso Internacional MD Anderson sobre Cáncer Ginecológico lanzaron un mensaje optimista, y es que el 80 por ciento de las mujeres que desean quedarse embarazadas tras ser diagnosticadas precozmente de cáncer de cérvix lo consigue. Mientras que hasta el momento se había optado generalmente por la histerectomía radical —que elimina toda posibilidad de tener hijos—, ahora se cuenta con la traquelectomía radical, que elimina el cuello del útero y el tejido canceroso inmediatamente adyacente, conservando el útero, lo que permite curar al 96 por ciento de las pacientes con cáncer temprano y además, conseguir el embarazo. En el caso del cáncer de ovario, explica el doctor Luis Chiva, jefe del Servicio de Ginecología Oncológica del MD Anderson España, el éxito de preservar la fertilidad viene determinado porque el tumor no haya afectado a otras zonas y que sea poco agresivo. Incluso en aquellas pacientes menores de 35 años que reciban quimioterapia no es necesario extraer óvulos, sino que puede darse un embarazo espontáneo.

No obstante, el diagnóstico del cáncer de ovario —el tercero más frecuente del aparato reproductor femenino— es en el 75 por ciento de los casos tardío. "Hoy no hay una prueba de detección precoz lo suficientemente sensible y barata, como lo son la mamografía o la citología para otros tumores", explica el doctor Chiva. A esto se suma la falta de sintomatología. "Con suerte, detectamos una tumoración en la ecografía, pero lo que normalmente sucede es que empiezan a presentarse síntomas tediosos e inespecíficos", puntualiza. Detrás de entre el 5 y el 10 por ciento de casos de este cáncer —cuya supervivencia global es del 54 por ciento— está la genética. Las investigaciones más recientes señalan que las pacientes que poseen el gen BRCA tienen más probabilidades de padecer tanto cáncer de mama como de ovario. "Se debe hacer un test genético cuando hay dos o más familiares de primer grado afectados, especialmente si han sido diagnosticadas a una edad muy temprana", advierte el especialista. Pero ¿cuándo acudir al ginecólogo? La hinchazón abdominal, el sangrado vaginal anormal, sobre todo si ya no hay regla, síntomas de mala digestión, cambios en el tránsito intestinal, dolor abdominal inespecífico y difuso, o las ganas frecuentes de orinar son síntomas que deben activar las alarmas.

En lo que respecta al tratamiento, según expuso el doctor Robert Coleman, del departamento de Oncología Ginecológica del MD Anderson Cancer Center de Houston, en la actualidad se investiga el genoma de este tumor y sus mecanismos moleculares y ya se están estudiando más de 20 compuestos orientados a bloquear la angiogénesis y el proceso de acción de crecimiento del cáncer.



No es cosa de hombres

Hasta hace poco, tanto pacientes como médicos consideraban que las enfermedades cardiovasculares eran propias de hombres. Sin embargo, los datos europeos dicen lo contrario. La enfermedad coronaria mata a un 23 por ciento de mujeres y a un 21 por ciento de hombres. No obstante, aún sólo el 13 por ciento de las mujeres sabe que tiene más riesgo de ictus y enfermedad cardiaca que el hombre, mientras que menos del 20 por ciento de los médicos es conocedor de la mayor mortalidad en las féminas; incluso algunos piensan que las complicaciones cardiacas son menos graves en ellas. Así, la angina de pecho es un síntoma mucho más frecuente en la mujer (47 por ciento) que en el hombre (29), y tras el primer infarto, el 44 por ciento de las mujeres frente al 27 de los hombres muere en el primer año. En cuanto a las diferencias de género, en ellas la enfermedad cardiovascular se presenta unos 10-15 años más tarde que en ellos. Además, se debe tener en cuenta que la menopausia natural es ya de por sí un factor de riesgo vascular, que aumenta en caso de ser quirúrgica; que el colesterol bueno disminuido es un fuerte predictor de riesgo cardiovascular en las mujeres mayores de 65 años; y que el tabaco es más nocivo para el endotelio de la mujer.



Escapar de los sofocos

Aunque la edad media de aparición de la menopausia son los 48 años, una de cada cuatro españolas continúa padeciendo sofocos más allá de los 60. Éste es alguno de los datos que arroja un estudio elaborado por Mumenesp (Mujer Menopáusica de España), que ha estudiado además otros síntomas como las alteraciones del sueño o la irritabilidad o el nerviosismo, que afirman tener más del 60 por ciento de las encuestadas.

En cuanto al tratamiento, aunque un 32 por ciento de las mujeres se ha sometido a terapia hormonal y un 35 por ciento utiliza fitoterapia, el 19 por ciento asegura no tener información sobre terapias para los síntomas, mientras que otro 20 indica que la información que recibe es escasa. Mientras, en lo que respecta a osteoporosis, un 36,5 por ciento manifestó haber seguido un tratamiento para ello. A pesar de todo, un 64 por ciento de las encuestadas afirma sentirse bien psicológicamente, mientras que un 36 se encuentra regular o mal. Esto concuerda con el 65 por ciento que considera que su salud es buena, y el 35 que la evalúa como regular o mala.
Que las mujeres tengan más migrañas, que sufran más depresión o que en ellas sea más frecuente la artrosis de rodilla y en ellos la de cadera no es casualidad. El hecho de que se reconozcan diferencias de género en la mayoría de las patologías ha supuesto el mayor avance de la última década en salud femenina. Históricamente, se incluían muchas menos mujeres en los ensayos clínicos con fármacos, por esta razón, desde hace cinco años, por directrices de la UE, todos los productos que salen al mercado tienen que estar evaluados en ambos sexos. Y es que, según explica el doctor Santiago Palacios, director del Instituto Palacios, Salud y Medicina de la Mujer, que organiza el 10º Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer del 3 al 5 de marzo, los tres pilares sobre los que se asienta la diferenciación de género son los genes, las hormonas y los factores ambientales. La mujer vive más, pero con peor calidad, y en esto tienen mucho que ver, afirma el doctor, las hormonas. "Están en todo organismo, no sólo en el aparato reproductor. Hay receptores de estrógenos en el cerebro, en los vasos sanguíneos, en los huesos, en la piel", matiza.

Con todo esto, la prevención de las enfermedades es una realidad que dejará paso a la "predicción". Esto es, que a través de los genes, se tomen medidas para evitar desarrollar una enfermedad a la que hay predisposición genética. Por ejemplo, especifica el doctor Palacios, en el caso de la osteoporosis —donde los genes influyen en el 60 por ciento de los casos— se le pueda decir a una mujer que será osteoporótica en la menopausia y que cuando llegue a los 70 años puede tener una fractura, por lo debe tomar medidas.

"Hay tres pilares básicos para saber cuánto y cómo se va a vivir: la herencia, la información y el estilo de vida. El paciente tiene que ser responsable de su salud", recuerda el especialista.



Cada edad, un foco

En la mujer joven el principal problema son las enfermedades de transmisión sexual, con la infección de virus de papiloma humano a la cabeza. En segundo lugar, la anticoncepción a la medida. Mientras, rondando la menopausia lo fundamental es la calidad de vida, ya que aparecen síntomas como sofocos, insomnio, inseguridad, sequedad vaginal o pérdida de deseo.

A partir de esa edad, los problemas más frecuentes están asociados a la patología cardiovascular con el colesterol, hipertensión, obesidad y diabetes en primer lugar; la osteoporosis, con la pérdida de masa ósea; la mama, con el riesgo de desarrollar cáncer; y las alteraciones del sistema nervioso central, destacando la depresión y el comienzo de pérdida de la memoria.



Hinchazón como señal de alarma

Genética, cirugía menos invasiva y preservación de la fertilidad. Éstos son los puntos diana a los que se dirigen gran parte de las investigaciones en lo que a cáncer ginecológico se refiere. Así, los especialistas reunidos en el II Congreso Internacional MD Anderson sobre Cáncer Ginecológico lanzaron un mensaje optimista, y es que el 80 por ciento de las mujeres que desean quedarse embarazadas tras ser diagnosticadas precozmente de cáncer de cérvix lo consigue. Mientras que hasta el momento se había optado generalmente por la histerectomía radical —que elimina toda posibilidad de tener hijos—, ahora se cuenta con la traquelectomía radical, que elimina el cuello del útero y el tejido canceroso inmediatamente adyacente, conservando el útero, lo que permite curar al 96 por ciento de las pacientes con cáncer temprano y además, conseguir el embarazo. En el caso del cáncer de ovario, explica el doctor Luis Chiva, jefe del Servicio de Ginecología Oncológica del MD Anderson España, el éxito de preservar la fertilidad viene determinado porque el tumor no haya afectado a otras zonas y que sea poco agresivo. Incluso en aquellas pacientes menores de 35 años que reciban quimioterapia no es necesario extraer óvulos, sino que puede darse un embarazo espontáneo.

No obstante, el diagnóstico del cáncer de ovario —el tercero más frecuente del aparato reproductor femenino— es en el 75 por ciento de los casos tardío. "Hoy no hay una prueba de detección precoz lo suficientemente sensible y barata, como lo son la mamografía o la citología para otros tumores", explica el doctor Chiva. A esto se suma la falta de sintomatología. "Con suerte, detectamos una tumoración en la ecografía, pero lo que normalmente sucede es que empiezan a presentarse síntomas tediosos e inespecíficos", puntualiza. Detrás de entre el 5 y el 10 por ciento de casos de este cáncer —cuya supervivencia global es del 54 por ciento— está la genética. Las investigaciones más recientes señalan que las pacientes que poseen el gen BRCA tienen más probabilidades de padecer tanto cáncer de mama como de ovario. "Se debe hacer un test genético cuando hay dos o más familiares de primer grado afectados, especialmente si han sido diagnosticadas a una edad muy temprana", advierte el especialista. Pero ¿cuándo acudir al ginecólogo? La hinchazón abdominal, el sangrado vaginal anormal, sobre todo si ya no hay regla, síntomas de mala digestión, cambios en el tránsito intestinal, dolor abdominal inespecífico y difuso, o las ganas frecuentes de orinar son síntomas que deben activar las alarmas.

En lo que respecta al tratamiento, según expuso el doctor Robert Coleman, del departamento de Oncología Ginecológica del MD Anderson Cancer Center de Houston, en la actualidad se investiga el genoma de este tumor y sus mecanismos moleculares y ya se están estudiando más de 20 compuestos orientados a bloquear la angiogénesis y el proceso de acción de crecimiento del cáncer.



No es cosa de hombres

Hasta hace poco, tanto pacientes como médicos consideraban que las enfermedades cardiovasculares eran propias de hombres. Sin embargo, los datos europeos dicen lo contrario. La enfermedad coronaria mata a un 23 por ciento de mujeres y a un 21 por ciento de hombres. No obstante, aún sólo el 13 por ciento de las mujeres sabe que tiene más riesgo de ictus y enfermedad cardiaca que el hombre, mientras que menos del 20 por ciento de los médicos es conocedor de la mayor mortalidad en las féminas; incluso algunos piensan que las complicaciones cardiacas son menos graves en ellas. Así, la angina de pecho es un síntoma mucho más frecuente en la mujer (47 por ciento) que en el hombre (29), y tras el primer infarto, el 44 por ciento de las mujeres frente al 27 de los hombres muere en el primer año. En cuanto a las diferencias de género, en ellas la enfermedad cardiovascular se presenta unos 10-15 años más tarde que en ellos. Además, se debe tener en cuenta que la menopausia natural es ya de por sí un factor de riesgo vascular, que aumenta en caso de ser quirúrgica; que el colesterol bueno disminuido es un fuerte predictor de riesgo cardiovascular en las mujeres mayores de 65 años; y que el tabaco es más nocivo para el endotelio de la mujer.



Escapar de los sofocos

Aunque la edad media de aparición de la menopausia son los 48 años, una de cada cuatro españolas continúa padeciendo sofocos más allá de los 60. Éste es alguno de los datos que arroja un estudio elaborado por Mumenesp (Mujer Menopáusica de España), que ha estudiado además otros síntomas como las alteraciones del sueño o la irritabilidad o el nerviosismo, que afirman tener más del 60 por ciento de las encuestadas.

En cuanto al tratamiento, aunque un 32 por ciento de las mujeres se ha sometido a terapia hormonal y un 35 por ciento utiliza fitoterapia, el 19 por ciento asegura no tener información sobre terapias para los síntomas, mientras que otro 20 indica que la información que recibe es escasa. Mientras, en lo que respecta a osteoporosis, un 36,5 por ciento manifestó haber seguido un tratamiento para ello. A pesar de todo, un 64 por ciento de las encuestadas afirma sentirse bien psicológicamente, mientras que un 36 se encuentra regular o mal. Esto concuerda con el 65 por ciento que considera que su salud es buena, y el 35 que la evalúa como regular o mala. 

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