diumenge, 10 d’octubre de 2010

Depresión y sexo Ignacio Moncada Presidente de la Alianza Europea de Disfunciones Sexuales


Hace cuatro años, durante una reunión sobre Salud Sexual en la que yo participaba, la esposa de uno de los expertos norteamericanos que exponía el tema de disfunción sexual femenina se levantó de entre el público y comenzó a relatar su propio caso de anorgasmia, para pasmo del resto de la audiencia. Sue dejó claro que en 25 años de matrimonio nunca había tenido un orgasmo; su marido, un experto en medicina sexual, mientras tanto, miraba fijamente al suelo. En un dramático momento a Sue se le quebró la voz y por sus mejillas resbalaron unas lágrimas, debía estar deprimida, además…

Y es que, aunque los factores vasculares y hormonales son fundamentales en la salud sexual femenina, los aspectos emocionales también juegan un papel importante en la calidad del funcionamiento sexual en la mujer. Específicamente, la depresión a menudo contribuye a la aparición o desarrollo de problemas sexuales y puede intensificar una disfunción causada por problemas de carácter orgánico.

La depresión afecta de una forma muy negativa al desempeño sexual. Reduce el deseo sexual y reduce los niveles de energía haciendo mucho más difícil conseguir un funcionamiento sexual óptimo. Sentirse excitada sexualmente es difícil en las mujeres deprimidas, disfrutar de una sexualidad satisfactoria se convierte en un imposible.

Para complicar aún más los efectos de la propia depresión, muchos antidepresivos producen un profundo impacto negativo sobre las capacidades sexuales. Medicamentos antidepresivos comúnmente usados pueden afectar a la sexualidad de diversas maneras. Esta familia de antidepresivos, conocidos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), reducen el interés sexual, reducen la lubricación vaginal y retrasan, y a veces hacen imposible, el orgasmo en mujeres.

Cuando una mujer tiene una depresión, es recomendable que no abandone su actividad sexual, aunque no le apetezca demasiado. Algunos expertos opinan que tener la actividad sexual por la mañana, cuando está descansada, puede ser más satisfactorio y más fácil. Incluso se recomienda que si se intenta el sexo a lo largo del día se haga después de una pequeña siesta, siempre mejor antes de hacer una comida o una cena pesada y antes de beber alcohol. Pero es importante ser realista y hablar con la pareja sobre si está de humor para el sexo; no siempre se tiene que estar dispuesto y si uno no lo está es mejor no forzar la situación. 

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