dimecres, 4 de maig de 2011

La calidad del aire en la calle y en casa compromete la salud de los niños Vivir cerca de una vía con tráfico aumenta el 40% los problemas respiratorios de niños Salud | 04/05/2011 - 00:39h


Los niños respiran más rápidamente que los adultos. Proporcionalmente, sus pulmones inhalan tres veces más aire que un adulto. Además, el hecho de que estén en fase de crecimiento hace que las agresiones que sufren –al respirar las partículas que se quedan en sus pulmones o el alquitrán del tabaco que destruye los alveolos– tengan un mayor impacto. Por eso, investigadores del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (Creal), junto a la Fundación Roger Torné y otros especialistas en enfermedades pulmonares reclaman una gran movilización ciudadana, convencidos de que padres y madres pueden modificar la mala salud ambiental de los niños.
Para dar ese impulso, han elaborado un guía que revisa la principal literatura científica acerca de la incidencia del medio ambiente en la salud de los niños (156 artículos científicos recientes y publicados en revistas de peso) “para poder dar consejos claros y basados en evidencia científica”, explica la coordinadora de la investigación, la doctora Marianne Aanerud. “Porque hay suficientes medidas que tomar, están en manos de los padres y madres, y son de probada eficacia”.
Alejarse de la calle con tráfico
Las medidas relativas a la mejora de la calidad del aire en la calle están en mano de las decisiones políticas, “pero sabemos que la cantidad de partículas finas, –las que ahora nos preocupan más en el aire de las ciudades y que, en un 80% provienen, de los coches– disminuye rápidamente en función de la distancia respecto a la vía y llega a ser muy baja a partir de los 200 metros de lejanía”, indica la doctora Aanerud. Por eso, mientras no se atajan políticamente las crecientes emisiones de dióxidos de nitrógeno, “para respirar un aire más limpio, aléjate de las calles con tráfico”, aconseja la guía. Vivir cerca de una calle con mucho tráfico aumenta hasta un 40% el riesgo de tener problemas respiratorios en los niños. Pero cuando uno se aleja, aunque sea unos pocos metros, y cambia esa relación con el tráfico, el riesgo disminuye en la misma proporción. Según un estudio sobre escolares californianos, a menos de 100 metros de una autopista, el riesgo de asma se dispara y las consecuencias son mucho más graves a los dos meses que a los 6 años. Crecer cerca de la autopista conlleva, además, tener vías respiratorias más pequeñas. “Desde un punto de vista médico, las partículas que más nos preocupan son las finas, porque tenemos evidencias de que entran en el cuerpo humano. Hay estudios sobre autopsias que indican que se encuentran en el cerebro. Son las que, en estudios en laboratorio, están produciendo, inflamación, coagulación y son los que nos parecen que son las culpables de por qué la contaminación es tóxica”, explicó a este diario Jordi Sunyer, codirector del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (CREAL), tras un debate en el Col·legi d’Enginyers de Camins de Barcelona.
Asma en crecimiento
El asma es el principal exponente de esta influencia ambiental: “es la enfermedad crónica por excelencia entre los niños de España”, asegura uno de los autores de la guía, el pediatra sevillano Manuel Praena, coordinador del Grupo de Vías Respiratorias de la asociación de pediatras de atención primaria. Y crece precisamente en el mundo desarrollado; en los países industrializados mueren por asma el triple de personas que hace 20 años. Y esto sucede a pesar de los avances farmacológicos y de asistencia hospitalaria que se han producido los últimos tiempos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). “En España, la padece el 10% de los niños y adolescentes, aunque hay diferencias entre las zonas de costa y de interior. Por ejemplo, en Barcelona alcanza al 15%, probablemente por un combinado de humedad y contaminación”, explica el doctor Praena. El tráfico y los coches diésel aparecen como una de las piezas clave del crecimiento del asma. Ésta es una de las teorías manejadas para explicar el aumento de esta enfermedad (una predisposición genética a reaccionar exageradamente a uno o muchos desencadenantes con brocoespasmos). El aumento exponencial de los coches con motor diésel ha hecho crecer en la misma proporción la cantidad de partículas emitidas por esta combustión “que adheridas al polen, por ejemplo, interactúan y aumentan la intensidad de la reacción alérgica”, explicaManuel Praena. El crecimiento es general. En estudios largos en el tiempo y realizados en escuelas de un centenar de países se confirma esa tendencia, sobre todo entre los niños de 6 y 7 años, aunque en la adolescencia, de 13 a 14 años, la cifra es más estable. “Y la calidad de vida de esos niños y niñas está, de veras, comprometida”, señala el pediatra. “Sobre todo, porque si no están bien controlados, lo que es algo muy común, el asma les impide un crecimiento armónico, porque faltan a la escuela, porque no hacen deporte”. Ese es otro de los terrenos en los que hacer algo.
“Los padres y madres han de entender la gravedad de lo que supone no controlar bien el asma de sus hijos; han de tener por escrito instrucciones claras de cómo actuar, aprender a evitar los desencadenantes, como el polen, el tabaco o los ácaros y seguir la medicación correctamente cuando se encuentren bien, porque eso es lo que les permite estar bien y evitar ataques”, enumera Praena.
En casa, ni tabaco ni humedad
Y uno de los desencadenantes es el tabaco, “que también lo tienen a la altura de la nariz cuando están en casa”. Los niños que viven en hogares donde se fuma inhalan el humo equivalente a fumar entre 60 y 150 cigarrillos al año. Eso ocurre en el 22% de hogares españoles. Las consecuencias de esa exposición son, entre otras, hasta un 70% más de infecciones respiratorias.
Por eso, las medidas más prácticas para evitar este daño ambiental en la salud es evitar el tabaco todo lo posible en casa. También la humedad, que no debería pasar del 50%. “Quizá haya llegado el momento de abandonar la amabilidad del estúpido”, proclama el ecólogo Ramon Folch, que también ha participado en la guía. “Son medidas sencillas y se pueden tomar; hay que evitar que convirtamos a los niños en fumadores pasivos, porque esa destrucción que provoca el tabaco no tiene arreglo”.
Seguir en la ciudad
En las ciudades del siglo XX se alejó el mal olor ganadero; luego, el humo industrial, las calefacciones y las grandes partículas. “Hemos actuado contra el aire sucio y ahora tenemos que hacerlo contra la contaminación que no se ve”, resume Ramon Folch. “No estamos contra las ciudades, pero hay cosas que se pueden hacer para que vivir en la ciudad no nos haga enfermar más y morir antes. Y podemos empezar evitando combustión de gasóleo y pasar todo lo posible a la motorización eléctrica. No es una banalidad. Si evitáramos esta contaminación procedente del tráfico, esa contaminación diseminada, el resto sería filtrable. Lograríamos una mejora muy sensible en términos de salud”, resume el ecólogo.
“Desde hace 25 años sabemos que en Barcelona, cuando hay un incremento de la contaminación atmosférica, hay un aumento de las urgencias hospitalarias”, explica Jordi Sunyer, codirector del Creal. “Es un problema endémico; siempre estamos por encima de los niveles de polución razonables”. Según datos del Creal, si en la región de Barcelona se redujera en 10 microgramos la media anual de concentración de partículas sólidas en suspensión (lo que permitiría cumplir las directivas de la Unión Europea) se evitarían anualmente más de 1.100 muertes prematuras y aumentaría la esperanza de vida en 4,6 meses.

La bici beneficia aunque se respire entre los coches

El ejercicio aumenta la ventilación, así que correr en una calle con mucho tráfico no parece muy buena idea. ¿Y la bici? “Evidentemente, es más perjudicial para la respiración ir en bicicleta en medio de los coches”, explica Jordi Sunyer, codirector del Creal. “Pero ese perjuicio no es comparable con la mejora que supone la actividad física. Desde el punto de vista de beneficio para la salud, es mucho mejor que el transporte pasivo”.

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