dilluns, 7 de desembre de 2009

Afganistán: Mujeres víctimas del fundamentalismo

RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan) es la única organización feminista afgana. Fue fundada por Meena en 1977, quien fue asesinada por la KGB en 1987. En una entrevista realizada pocos meses después de los atentados contra las torres gemelas de Nueva Cork, Mariam Rawi, portavoz de RAWA, señalaba que la situación provocada por los fundamentalistas no tenía igual en la historia.
– ¿Cúal es la situación actual en Afganistán?

– No existe constitución y las leyes surgen de las cortes islamistas, del Mulá (máximo representante religioso), con lo que se deja la vía abierta para las amputaciones, las ejecuciones... El tráfico de mujeres es normal y por desgracia no ha hecho más que empezar. Además las mujeres no pueden trabajar y tienen que prostituirse para sacar adelante a su familia. Tienen que salir de sus casas ayudadas por un hombre y totalmente tapadas con la burka, no se pueden maquillar ni llevar zapatos de tacón, no se les puede llamar por su nombre. Además sólo en Kabul existen entre 30.000 y 40.000 viudas de guerra que no tienen cómo subsistir. Pero no podemos olvidar que los hombres también viven en un estado de represión absoluto: deben llevar la barba larga y obedecer la sharia (ley islámica), bajo pena de mutilación; desde que se instauró el régimen fundamentalista ha habido más de 500.000 amputaciones.

– Viendo las dificultades a las que se enfrenta ¿qué labor desempeña RAWA?

– Hoy en día en el terreno social todo lo que hacemos en Afganistán es clandestino: cursillos de artes manuales, de electricidad, de alfabetización. Incluso la red sanitaria es clandestina, pero a la vez imprescindible pues las mujeres no pueden comprar medicinas ni recibir ayuda médica. En la clínica de Malali atendemos a 400 mujeres al día. En el terreno político hacemos concentraciones y manifestaciones, sobre todo en Pakistán. Por otra parte las fotografías, los videos, la televisión están prohibidas, pero RAWA, de manera clandestina, consigue testimonios de las aberraciones de los talibanes. Es muy importante dar testimonio, pero extremadamente peligroso. Tenemos problemas financieros para llevar adelante nuestra lucha, porque todo el trabajo es voluntario.

– ¿Cómo se hacen los contactos entre mujeres, cómo se organizan para superar la clandestinidad?

– No hablamos nunca de RAWA, es clandestino. Los cursillos se hacen en la clandestinidad mediante diferentes centros. Tenemos una red de amigos y familiares y éstos trabajan y llevan una vida normal. Anteriormente a la toma del poder de los fundamentalistas existían oficinas y centros y mantenemos los ficheros desde entonces, con los nombres, direcciones de mujeres. También sacamos diferentes publicaciones en diversos idiomas y la página web es muy visitada. A pesar de las dificultades, tenemos cerca de 2.000 mujeres trabajando en RAWA.

– ¿Juegan algún papel los hombres en su organización?

– RAWA es una asociación de mujeres, pero tanto en Afganistán como en Pakistán es imposible trabajar sin la ayuda de los hombres, para legalizar las manifestaciones, para organizar los mítines... Muchos hombres están contaminados por la religión, pero creemos que para dar la vuelta a la situación, la revolución empieza desde casa, diciendo a nuestros compañeros, hijos, padres, que no podemos continuar así, que tienen que ayudarnos en la defensa de nuestros derechos.

– ¿Qué opinión le merece la actuación de los diferentes países occidentales?

– Estados Unidos es el principal obstáculo para la democratización debido a la CIA. En 1979, cuando la Unión Soviética invadió Afganistán, se produjeron 6 millones de desplazamientos a Pakistán e Irán. Mientras duró la ocupación, la CIA dio millones de dólares a diferentes grupos integristas. Asimismo, recientemente la ONU impuso una sanción económica, pero Estados Unidos ejerció su derecho al veto y no se ha aplicado todavía, aunque esa no sea la vía para solucionar los problemas. Por su parte, Pakistán e Irán tienen intereses al estar en la frontera y de igual manera Arabia Saudí y Francia han jugado un papel decisivo en estos últimos 20 años. Aparte, la mayoría de los países no dicen nada, enmudecen, para acto seguido llevarse las manos a la cabeza por la destrucción de unos budas de piedra o la detención de unos cooperantes.

– ¿En su opinión, el cambio puede venir desde el propio islam, de grupos opositores a los talibán?

– Todos los grupos fundamentalistas tienen la misma manera de actuar contra las mujeres, estas son las primeras víctimas del fundamentalismo. Por ejemplo, Irán critica a los talibanes, pero a su vez subvenciona a otro grupo fundamentalista de Afganistán, y si llegan al poder seguirá la misma política contra las mujeres. Hubo un intento por parte de otro grupo fundamentalista de llegar al poder, del comandante Masud, líder de la Alianza opositora del Norte, pero no tenemos ninguna esperanza en ellos, lo único que quieren es el poder para perpetuar de la misma manera la Sharia. En el Corán no se recoge nada acerca de los derechos de las mujeres, en muchos pasajes del Corán las mujeres son una posesión, como un trozo de tierra, que puedes hacer lo que quieras con ella, pegarle, humillarla... Por poner un ejemplo, según la Sharia, si una pareja de novios se cita, sin que estén casados todavía, se puede lapidar a la mujer.

– ¿Qué futuro próximo augura a Afganistán?

– Sabemos que para solucionar el problema deberán pasar quizás dos generaciones pero no perdemos la esperanza, podemos cambiar esto. Creemos que la cultura, la concientización y la información son las bases para el cambio. Además, queremos crear un frente único que una a todas las organizaciones disidentes de Afganistán. Nuestra prioridad es la educación, pero por el momento sólo están alfabetizadas el 4% de las mujeres, con lo que es muy difícil hacerles ver sus derechos, hacerles tomar conciencia de que lo que está pasando no es justo, que no tiene por qué ser así. Queremos construir un país progresista, pero los talibanes cerraron todas las escuelas y sin una educación básica es difícil cambiar las costumbres de la gente. La educación está vetada para las mujeres y el 95% de los niños.



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