dilluns, 4 de gener de 2010

La especie humana ha sido prácticamente la única dentro del reino animal que llegado a un nivel evolutivo tal que desvincula la sexualidad de la reproducción

Las especies primates con frecuencia utilizan las extremidades delanteras para estimularse el cuerpo y los genitales. También con frecuencia los primates utilizan sus extremidades delanteras para acariciar a su compañero/a en diversas partes del cuerpo, también en la zona genital. La masturbación, tanto en solitario como en compañía, forma frecuentemente parte de sus juegos, así como las diversas conductas de contacto corporal, caricias y acicalamientos. Estas caricias en zonas genitales y no genitales sirven tanto para obtener placer, como para establecer lazos en un grupo social, reducir agresividad… y conforman ya una sexualidad (primate) en la que la cópula es sólo un juego más entre muchos y ni siquiera el más frecuente.
Pero avanzando en la escala evolutiva, hace su aparición la uretra. Cuando la uretra se abre paso hacia el exterior, el clítoris se desplaza de su ubicación, quedando un poco más alejado de la entrada de la vagina, como se puede observar en las ilustraciones.
La adaptación al bipedismo en el caso de los primates humanos, supuso un acortamiento de los huesos de la pelvis, que trajo como consecuencia un mayor alejamiento del clítoris con respecto del orificio vaginal. Debido a estas modificaciones para las primates humanas la estimulación producida por el pene del macho en el coito no asegura la estimulación del clítoris, al haber quedado éste muy alejado de la entrada vaginal. Por ello, las hembras humanas tienen más fácilmente orgasmos con relaciones eróticas que impliquen una estimulación directa del clítoris (masturbación con la mano, masturbación con la boca del compañero, frotamiento del clítoris con el cuerpo del compañero, etc.) que con el coito, que implica estimulación de la vagina pero no estimulación directa del clítoris.
En realidad estas modificaciones físicas muestran que la sexualidad humana se ha desvinculado definitivamente de la reproducción (y del coito como expresión única o principal), siendo que la erótica humana sirve también a fines no reproductivos (creación de vínculos sociales, expresión de afectos, comunicación, búsqueda de placer…).

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