dimecres, 27 gener de 2010

Miomas, peligro en la matriz



Siete de cada diez mujeres desarrollan en su vida este tumor benigno de las fibras musculares de la matriz, que es el más frecuente entre las mujeres. Es responsable del 15 por ciento de los casos de infertilidad e igualmente se asocia a un incremento de posibilidades de interrupción del embarazo. Las nuevas técnicas quirúrgicas permiten quitarlos a través de una mínima incisión y que la paciente regrese a su casa el mismo día.

Suele aparecer hacia los 30 años, cuando la mujer se halla en la plenitud de su fertilidad y actividad hormonal, para atrofiarse a partir de la menopausia, cuando el organismo femenino comienza a sufrir el declive de las hormonas estrogénicas.

Está presente, con o sin síntomas, en una de cada tres mujeres, se desarrolla dentro o pegado a la pared del útero y consiste en la proliferación anormal de células musculares del útero. Aunque no afectan la vida, si que pueden perjudicar la fertilidad.

Es el mioma uterino o mioma, el tumor benigno más frecuente en la población femenina, el cual a veces se acompaña de la proliferación de fibras del tejido conectivo del útero y entonces pasa a denominarse fibroma.

Ahora, gracias a los últimos avances tecnológicos, su extirpación puede efectuarse mediante cirugías como la endoscopia, la laparoscopia o la histeroscopia, las cuales permiten acceder al útero y operarlo observando la zona de modo directo, sin "abrir el cuerpo" y posibilitando además una rápida recuperación.

El útero es el órgano hueco, en forma de pera invertida, donde se desarrolla el feto. El mioma uterino es una masa de tamaño variable que aparece dentro de la cavidad uterina. Mide desde 1-2 centímetros de diámetro y puede alcanzar varios kilos de peso, tiene forma redondeada y consistencia firme elástica.

Pueden ser muy grandes

El mioma puede ser único o múltiple. Crece, en parte, por acción de los estrógenos, las hormonas sexuales femeninas, y si no se lo trata o extirpa, puede llegar a alcanzar un gran tamaño.

Más de un tercio de los miomas no son sintomáticos. Los síntomas iniciales pueden ser desde sensación de plenitud o presión en el bajo abdomen, hemorragia o flujo no relacionados con la menstruación, y dificultad o dolor al orinar, hasta dolor en el área de la pelvis y aumento del perímetro ó tamaño abdominal.

Los miomas uterinos no son cancerosos ni comprometen la vida, pero estas durezas de la musculatura uterina que tienen forma redondeada y están constituidas de un tejido normal similar al de las fibras de la matriz, pueden causar muchas molestias y afectar seriamente la fertilidad.

Una de cada tres mujeres españolas desarrolla un mioma uterino, el tumor benigno más frecuente entre la población femenina, aunque no presenta síntomas en el 30 por ciento de las ocasiones. Los miomas, también denominados en ocasiones fibromas, se producen por el crecimiento excesivo de las fibras musculares y fibrosas que forman el útero, adoptando una disposición en forma de ovillo, lo que les confiere un aspecto redondeado.

El crecimiento de estos tumores se produce en parte por la acción de la principal hormona femenina, los estrógenos, por lo que suelen aparecer hacia los 30 años de edad, en la plenitud de la fertilidad y actividad hormonal femenina, y suelen atrofiarse a partir de la menopausia, cuando comienza el declive estrogénico.

Su tamaño es variable y en ocasiones puede llegar a ser considerable: desde los pocos milímetros de diámetro hasta varios kilos de peso. Incluso en este último caso, cuando el tamaño es grande, el mioma puede no producir síntomas, ya que la presencia o no de sintomatología va a depender en gran medida de su localización.

La presencia de menstruaciones muy abundantes, irregularidades menstruales, sensación de plenitud abdominal, dolor pélvico, esterilidad e infertilidad pueden hacer sospechar de la existencia de un mioma uterino, que en algunos casos, cuando el tumor es muy grande, puede también ocasionar deseos frecuentes de orinar o un estreñimiento crónico.

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Ultrasonidos para detectarlos


El diagnóstico de los miomas uterinos se efectúa fundamentalmente mediante el estudio ecográfico del aparato genital interno, especialmente mediante la vía vaginal: una exploración indolora, que permite una evaluación más exacta y definida del útero y los ovarios.

Mediante la ecografía pélvica o transvaginal, una exploración indolora de la pelvis con ultrasonidos, el mioma se ve como una imagen sugestiva de un tumor sólido.

"La ecografía vaginal es un método diagnóstico de primer orden, al permitirnos detectar de forma precoz la presencia de miomas", explica el doctor Javier Martínez-Salazar, del centro IVI-Madrid.

El IVI-Madrid, uno de los centros de reproducción asistida de España, ha conseguido en dos años que más de 1.000 mujeres sometidas a tratamientos de infertilidad hayan quedado embarazadas, mediante técnicas tradicionales, como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, o bien de última generación como la microinyección de espermatozoides, la donación de ovocitos, el co-cultivo embrionario o la biopsia embrionaria.

Otra prueba diagnóstica es el examen pélvico, durante el cual el médico efectúa un palpamiento para detectar masas o cambios en la forma del útero.

A veces pueden ser necesarias otras exploraciones, como una prueba de dilatación y curetaje, en la que se expande la abertura del cuello uterino con un instrumento en forma de cuchara y se raspan suavemente las paredes del útero para extraer un trozo de tejido. En último caso, puede llegar a explorarse el abdomen directamente mediante laparoscopia: una observación directa del abdomen mediante un tubo de fibra óptica introducido a través de la pared del abdomen.

Enemigos de la reproducción

Según el doctor Martínez-Salazar, "algunas de las consecuencias más importantes de la presencia de miomas, son la imposibilidad para conseguir una gestación, que es lo que conocemos como esterilidad, o bien del mantenimiento de esa imposibilidad de gestar o infertilidad".

"Los miomas son causa de un 15 por ciento de los casos de infertilidad que se registran entre la población femenina en España. Como consecuencia de los miomas, existe un aumento importante en las posibilidades de sufrir abortos y partos prematuros", señala.

Hasta ahora, el tratamiento más común del mioma uterino era la cirugía mediante la apertura de la cavidad abdominal o laparotomía, o bien mediante una miomectomía, en la que se extirpa exclusivamente el mioma.

También se intervienen mediante histerectomía, una operación en la que se extrae el útero completo, realizada sobre todo cuando los miomas son múltiples o cuando la conservación del útero no se considera imprescindible, como es el caso de la etapa posterior a la menopausia.

La miomectomía puede hacerse en tumores únicos y accesibles, en mujeres en edad fértil, y permite conservar la matriz, mientras que la histerectomía es necesaria cuando el mioma es múltiple, poco accesible, o cuando la conservación del útero no es imprescindible, después de la menopausia, por ejemplo.

"Sin embargo -añade el doctor Martínez-Salazar- gracias a los últimos avances tecnológicos, la miomectomia laparotómica va quedando relegada a un segundo plano por el empleo cada vez más habitual de la vía endoscópica".

La cirugía endoscópica es aquella que permite visualizar y realizar intervenciones en el interior de una cavidad corporal sin la necesidad de abrir el cuerpo, al introducir a través de una mínima incisión, un sistema óptico, para obtener una imagen de la zona que se opera, así como una serie de herramientas quirúrgicas, para efectuar la cirugía necesaria.

Las nuevas cirugías

En el caso de la laparoscopia de la cavidad abdominal, hay que practicar en el abdomen pequeñas incisiones que son prácticamente inapreciables después de la recuperación. Pero cuando se accede a la cavidad uterina, para efectuar una histeroscopia, no hace falta practicar ninguna incisión, porque se puede aprovechar su entrada natural a través del cérvix uterino. Estas novedosas técnicas aportan importantes mejoras en la cirugía de los miomas, al conseguir una observación directa del útero, tanto de sus superficies externa (laparoscopia) e interna (histeroscopia).

Estos avances ofrecen la posibilidad de extirpar los miomas respetando el resto del útero en régimen de hospital de día, de forma que la paciente es dada de alta el mismo día de la intervención.

Igualmente, la recuperación de la paciente es prácticamente inmediata, permitiendo la vuelta a la vida normal en 1 a 3 días. Para el doctor Martínez-Salazar, "éste es uno de los avances más importantes desarrollados en el campo de la cirugía ginecológica".

Origen desconocido

Aunque la causa exacta de los miomas uterinos se desconoce, se los relaciona con una predisposición hereditaria, porque aparecen con frecuencia en madre e hijas. Su presencia se relaciona sobre todo con la actividad de los ovarios y los estrógenos favorecen su desarrollo, como demuestra el hecho de que crezcan durante el embarazo, cuando se toma una píldora de contenido estrogénico o en la fase que precede a la menopausia, cuando el exceso de estrógenos de la mujer está descompensado. Después de la menopausia, los miomas se secan, reducen, disminuyen de volumen y pueden llegar a desaparecer. A menudo los descubre el ginecólogo por casualidad, en un examen rutinario, al observar que el útero de la paciente está más grueso, duro o abombado. Este tipo de tumores se opera cuando es demasiado grande, oprime la vejiga u otros órganos de las proximidades o cuando sigue provocando hemorragias excesivas. En ocasiones, los miomas impiden el embarazo al evitar el encuentro del espermatozoide con el óvulo al bloquear las trompas de la mujer, pueden ocasionar abortos tardíos o partos prematuros al comprimir la cavidad uterina, y también pueden forzar una mala postura del bebé que puede alterar su nacimiento. 


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