dimecres, 27 de gener de 2010

“Todas las mujeres fingimos alguna vez, orgasmos o sentimientos”-entrevista a Lola Herrera (magazine digital)

Lola Herrera. A sus increíbles 74 años mantiene ese aspecto de serenidad y experiencia que le valió el deseo de muchas mujeres de su generación de parecerse a ella. Lola Herrera, dama del teatro, ha saldado la factura de los años con clase.



Hubo un tiempo, durante las representaciones de Cinco horas con Mario, en que todas las mujeres de España le escribían. “Guardo en un baúl ese arsenal de cartas que son un verdadero estudio sociológico de la época. También había cartas de hombres que interpretaban las relaciones de modo remoto. No tenía nada que ver la misma historia explicada por él o por ella. Con muchas de esas cartas lloré”, cuenta.

También se atrevió con Función de noche, grabación a tiempo real donde se desgranaba la crudísima realidad de su matrimonio roto. Le duele que, de la conversación con su ex marido, Daniel Dicenta, algunos sólo recuerden el pasaje en que ella admite que nunca tuvo un orgasmo con él. “Esa frase no se puede sacar de contexto. Era la metáfora de toda una relación, de algo que no funcionaba. Una cosa es que tú no alcances el orgasmo con quien tú quieres por razones que, casi siempre, son psíquicas, por motivos muy traumáticos. Y otra cosa es la frigidez. Allí se hablaba del fingimiento.”

No se dio cuenta entonces Dolores Herrera Arranz (Valladolid, 1935) de que con esa confesión abría la caja de Pandora, una realidad de la que nadie hablaba. Alguna compañera de oficio llegó incluso a retirarle la palabra. “Nunca me arrepentí. Supongo que destapé una certeza: que todas las mujeres hemos fingido alguna vez. Orgasmos o ­sentimientos.”

No piensa jubilarse como Concha Velasco ni renunciar a obras como la que interpreta en el Teatre Borràs barcelonés, Seis clases de baile en seis semanas, donde se aprende que de las personas más insospechadas puedes conseguir el mayor entendimiento, la mayor complicidad. Su compañero en escena tiene la edad de su hijo, algo “muy mal visto para algunos porque lo que haga la mujer con sus relaciones siempre está mal visto. Sea lo que sea”.

Le gustaron los hombres mayores que ella, “pero como el ser humano es contradictorio, me casé con uno más joven y tuve una relación con otro. No fue nada positivo y no sé ni por qué fue. A pesar de eso, el amor, con cualquier diferencia de edad, es respetable”.

Ha vivido los últimos años en compañía de su madre y su tía, dos nonagenarias, y hace poco perdió a la primera. “La echo de menos. En este tiempo de su ausencia he sufrido unos bajones tremendos de moral, se te van unos miedos y te vienen otros.” Le han ayudado los amigos, “la mayoría homosexuales, lo que da mucha tranquilidad y ningún malentendido. Esos son ideales porque no hay posibilidad de confusión” y permiten el silencio, “tan necesario como la soledad”.

Surgida de una generación de mujeres que define como “supervivientes llenas de frustraciones”, advierte que no hay que bajar la guardia. Para salir de España con pasaporte libre “tenías que ir a la sección femenina o hacer el servicio social. O te tenías que casar. No sé qué era peor. Lo primero tuve que dejarlo porque suspendí en política. Me tocó José Antonio y yo no sabía mucho...”. ¿Y si te casabas? “Tu marido era tu dueño, el de tus posesiones y tus pensamientos.”

Ahí, dando directrices desde su cachemir canela y el collar de perlas irregulares, destila algo de gata siamesa. Advierte que no hay que renunciar a lo ganado. “Yo les digo a las chicas que no podemos distraernos ni un segundo. Que deben conocer lo que pasamos las que ya somos viejas para valorar sus derechos. Pero, ¡ah, que estén alerta!, porque a las mujeres, en la historia, jamás se nos ha permitido acomodarnos, así que no bajéis la guardia.

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